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15 November La DGT, esa gran empresaLa Dirección General de Tráfico está haciendo un enorme gasto en la instalación de miles de radares en todas las carreteras del país. Es un hecho poco importante teniendo en cuenta que es una buena inversión, pronto habrán recuperado lo invertido y empezarán a obtener beneficios netos. Mi reflexión para el día de hoy es el estado de las carreteras, sobretodo el estado informativo, y como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras, no hace falta que explique que una carretera bien señalizada o en condiciones evita muchos más accidentes que un radar, que no evita ninguno pero mantiene la economía del país en estado boyante.
Hecha mi reflexión pasaré a narrar mi experiencia de hoy en el tema circulatorio. Después de 4 años conduciendo por la misma carretera de lunes a viernes, un viaje de ida y otro de vuelta al lugar donde trabajo, he decidido, por primera vez en 4 años, no conducir con apremio para llegar puntual, y hacer caso de las señales viales. Ésta ha sido mi experiencia:
Ante todo advertir que no es necesario leerlo todo con mucho detalle, es más, no lo recomiendo, os cansaréis antes de hora y no llegaréis a lo más interesante, o sea, mi conversación con la benemérita. Vamos allá.
8.50 h Salgo de casa, como sé que voy a llegar tarde al trabajo (para no variar) decido hacer un experimento y respetar las normas de circulación. Salgo de Alzira por la CV-42 y circulo con normalidad a una velocidad máxima de 80 km/h, estipulada en las señales verticales.
9.00 h Como siempre, el tráfico a esas horas está como está, tardo 10 minutos en recorrer 3 km. En la primera rotonda (en la que se indica una velocidad máxima de 40 km/h) me desvío por la VV-1101 dirección Sueca, población en la que se encuentra la empresa donde trabajo.
9.02 h Continuo circulando a 40 km/h ya que no hay ninguna señal que me ordene lo contrario, hasta que dos km más adelante vislumbro una señal que informa de un cruce peligroso y bajo ella un disco que indica una velocidad máxima de 60 km/h. Piso ligeramente el acelerador para alcanzar esa velocidad. Pasado el cruce aparece otra señal blanca con una franja de rayas negras cruzándola en diagonal, lo que me indica que puedo alcanzar la velocidad máxima permitida en una carretera de esas características, así que piso el acelerador hasta llegar a 80 km/h.
9.10 h Llego a otra rotonda, con una señal previa de 40 km/h máximo. Reduzco, doy la vuelta a la rotonda y continuo circulando a 40 km/h ya que no hay ninguna señal que anule la precedente. Sigo conduciendo durante varios km por la VV-1101 a esta velocidad. Algunos coches me pitan o me hacen destellos. Otros me adelantan incluso en línea continua. Los conductores me miran mal y yo les muestro mi sonrisa más amable. Sigo conduciendo a 40 km/h.
9.12 h Otro coche se pega al mío por detrás. Es un patrol de la guardia civil. Me froto las manos, esto promete. Sigo conduciendo a 40 km/h. El patrol me sigue a poca distancia. Tras su vehículo, otros más se van uniendo a la cadena. La línea sigue siendo continua y nadie se atreve a adelantar.
9.14 h El patrol enciende las luces azules, me adelanta bruscamente y aparece un brazo verde por la ventanilla derecha haciendo señales para reducir la velocidad. Obedezco y me detengo. La carretera es estrecha y no tiene arcén. Y he de reconocer que en mis 10 años de conducción (y no soy una conductora prudente, eso lo anticipo ya) es la primera vez que me para la guardia civil, y encima es por conducir despacio. ¡Manda huevos!
El conductor del patrol se baja del coche y se dirige hacia mi vehículo. El otro se baja y pasando por detrás de mi coche empieza a hacer movimientos con el brazo a los otros conductores para que nos rebasen y sigan circulando.
El guardia civil que está dando paso es joven, el otro, el que ha venido a hablar conmigo es mayor, barrigudo y con bigote. Y yo que pensaba que ya no había de estos.
CONVERSACION QUE MANTENGO CON EL RESPETABLE REPRESENTANTE DEL CUERPO DE LA BENEMERITA:
(El agente (en adelante guardia) da unos golpes en mi ventanilla, y mientras bajo el cristal él me hace un amago de saludo militar).
G.C.: Buenos días, señorita.
N.: Buenos días señor agente.
G.C.: Guardia, si no le importa, la denominación de agente es para los policías locales y nacionales.
N.: OK, buenos días, señor guardia.
(Carraspeo del guardia).
G.C.: ¿Sabe usted que está circulando a una velocidad muy reducida? (¿Y por qué siempre preguntarán al conductor si lo sabe? ¿Cómo no lo va a saber, pensarán que todo el mundo es subnormal?)
N.: Sí, señor guardia, lo sé.
G.C.: ¿Tiene usted algún problema con el vehículo?
N.: No, señor guardia, el vehículo va perfectamente.
G.C.: Entonces le recomiendo que adopte una conducción más normal.
N.: Es lo que hago, señor guardia, conduzco a 40 km/h porque la última señal que he visto me prohibía circular a más velocidad.
G.C.: Señorita, la velocidad máxima permitida en esta carretera es de 80 km/h.
N.: La señal no dice eso, mientras no me encuentre con otra señal que me indique el fin de la limitación a 40 km/h seguiré circulando a esa velocidad.
(Bufido del guardia. Mirada inyectada en sangre).
G.C.: Señorita, esta carretera está llena de curvas y es arriesgado cometer imprudencias, si sigue circulando a 40 km/h puede provocar un alcance. ¿Se da usted cuenta de que su comportamiento es peligroso?
N.: También es peligroso estar parado aquí al salir de una curva, y usted se encuentra en la calzada sin el chaleco reflectante (lo juro, no lo llevaba) y ni siquiera hemos puesto los triángulos de seguridad.
(El guardia levanta tanto las cejas que parece que se le van a salir de la frente. Por mi mente se cruza el pensamiento de que me he pasado).
G.C.: Señorita, ¿me quiere tomar el pelo?
N.: No no, ni por asomo, señor guardia. (Me muerdo la lengua, como me ría se acabó el show).
G.C.: Está bien, puede usted seguir, procure circular a 80 km/h.
N.: Si no le importa señor guardia seguiré a 40 km/h, no quiero que me vuelvan a parar a unos metros por conducir con exceso de velocidad.
G.C.: Señorita, no se lo volveré a repetir... (empieza a levantar la voz).
N.: Bueno, pues hágame un papel o algo que me autorice a circular a más velocidad de la indicada por la señal. No quiero encontrarme con un compañero suyo más adelante que me ponga una multa por exceso.
(El guardia parece el de la patrulla X lanzando chispas por los ojos).
G.C.: Señorita, se lo repito por última vez... ¡Circule!
El guardia se separa de mi coche para permitirme la salida y me hace movimientos bruscos con el brazo para darme paso mientras con la otra mano detiene a los vehículos que se aproximan en dirección contraria. Subo hasta tercera para colocar el coche a 40 km/h clavados. Afortunadamente un poco más adelante aparece una señal que advierte de una curva peligrosa a la izquierda, con otra señal que limita la velocidad a 70 km/h. Piso el acelerador para aumentar la velocidad. A 20 m de la primera señal aparece otra, en plena curva, limitando la velocidad a 30 km/h. Frenazo del copón. Advertencia: no frenar bruscamente dentro de una curva sobretodo si el suelo está mojado, el coche culea. Entro en la población donde se encuentra mi empresa. Como no hay señal ya sé que puedo conducir por todo el casco urbano a 50 km/h, aunque como la última señal que me encontré indicaba 30 km/h prefiero conducir a esa velocidad.
9.45 h Llego al trabajo sana y salva. A veces da gusto respetar las normas de circulación. Fin de la historia.
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