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    August 23

    Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas

    De nuevo colgamos el cartel de abierto. A punto de darle una vuelta completa al espacio (en septiembre esta ventana naranja hará un añito) sí que puedo decir que soy un año más sabia, pues si hay algo que he hecho en estas vacaciones ha sido aprender. Aprender de la riqueza que nos queda en este país y de lo escasamente que la apreciamos. Como se suele decir, nada se echa de menos hasta que se pierde, y últimamente no paramos de tener avisos: Guadalajara, Galicia...

    Este verano hemos aprovechado para perdernos por los cerros de Ubeda, hemos respirado el aroma de aceituna que nos regalan los inmensos campos de olivares de Jaén, como colinas cubiertas por mantos de pana verde. Hemos salido de safari por el parque natural de la sierra de Cazorla aunque, eso sí, sólo para cazar fotos.

      

     

    Hemos descubierto que la naturaleza sigue siendo igual de caprichosa:

     

    Alguien nos vigila:

     

    La única águila que se dejó ver por estas montañas.

     

    Curioso lo que el tronco de este árbol ha intentado hacer con el cartel de esta bebida. ¿Estaría sediento?

     

     A Juanma, nuestro paciente guía, un puñado de gracias por el legado de sabiduría que nos dispensó. Por él aprendimos a distinguir gamos de ciervos, cabras de muflones (qué le vamos a hacer, si somos urbanitas), aunque nos perdimos un poco con la flora. Nos explicó que en la sierra hay cientos de plantas que pueden curar infinidad de dolencias, pero que igualmente las hay a centenares de venenosas y que cada planta curativa tiene su homóloga en apariencia con alguna planta venenosa, así que para no liarla no cogimos ninguna, ni de una ni de otra. La que mejor recuerdo quizás es la “María de los Bobos”, una planta idéntica a la marihuana que crece en esta sierra pero que no se puede comer ni fumar porque es venenosa al punto de matar. Nota para recordar: por mucho que se parezca la maría que crece en la sierra no es fumable.

     Juanma también nos contó muchas cosas sobre la fauna de la sierra, pero hay dos historias en particular que se me quedaron grabadas. Pondré voz de Félix Rodríguez de la Fuente para contarlas:

    La primera habla sobre el quebrantahuesos. El quebrantahuesos es un enorme tipo de buitre que desapareció del parque hace unos veinte años y que se ha ido repoblando mediante crías en cautividad. Su olfato no es muy bueno, por lo que no le resulta fácil encontrar su alimento. Pero existen otras aves carroñeras como el cuervo o la urraca que detectan los animales muertos con una facilidad impresionante. No obstante el pico de estas aves no es lo suficientemente fuerte para desgarrar carne firme, por lo que sólo pueden devorar tejidos blandos como ojos y lengua. Una vez hecho esto alzan el vuelo por encima de los árboles e inician una danza circular en el cielo. En días soleados su plumaje negro y brillante lanza destellos luminosos que acaban atrayendo al quebrantahuesos. De esta manera los buitres acuden y con sus fuertes picos ganchudos desgarran el resistente cuero del animal muerto y dejan al descubierto el tejido carnoso. Existe por tanto una simbiosis entre unos y otros que permite a ambos conseguir su comida. Así pues, este negro pajarraco se convierte en el carroñero del carroñero.

     La segunda historia habla de los lobos. Otra especie que se extinguió en estos parajes pero que no ha conseguido ser repoblada. El hombre tuvo un papel protagonista en la extinción del lobo ya que este animal ponía en peligro la cría de ganado. Pero con la desaparición del lobo y, por tanto, del principal depredador de la sierra, las especies herbívoras camparon a sus anchas, con amenaza de superpoblación de algunas especies y peligro para la flora. Había que recuperar de algún modo el equilibrio de la cadena alimenticia. Se consiguió permitiendo la caza controlada en el parque natural. Así pues, el hombre se convierte en el depredador del depredador.

     

    Volveremos algún día para continuar disfrutando del milagro con que la naturaleza ha privilegiado a aquellas tierras andaluzas. Tan sólo tuvimos oportunidad de ver una pequeña porción. Ojalá que el hombre permita que dure. 

     

      

    P.D.: Por el camino de ida o vuelta siempre queda la oportunidad de inmortalizar alguna curiosidad: